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La Escuela no enseña


 “Una imagen nos tuvo cautivos”

Investigaciones filosóficas. Ludwig Wittgenstein

Con esta frase (Ein Bild hielt uns gefangenLudwig Wittgenstein se refiere, en sus Investigaciones filosóficas, a una poderosa imagen, no advertida ni consciente, que ha determinado la forma de concebir el conocimiento en la cultura occidental durante siglos. Esa imagen, o forma (Bild se puede traducir de ambas maneras), es la de “una mente en el mundo”. Con este término (Bild), Wittgenstein se refiere a algo más profundo que una idea o una teoría. Se trata más bien de un trasfondo irreflexivo que determina nuestra forma de ver el mundo, nuestra forma de pensar sobre la realidad. Una imagen. En el campo educativo, la “imagen” que nos ha tenido cautivos es la de la escuela como lugar en el que se enseña, en el que los docentes transmiten conocimientos y el alumnado los aprende. Esa “imagen” determina nuestra forma de ver el sistema educativo, de darle sentido.

Al menos desde lo que conocemos como “revolución cognitiva”, el ser humano ha tratado de dar sentido a lo que le rodea, a eso que llamamos “mundo”. Nuestros antepasados descubrieron que ese mundo, que es “ancho y ajeno” —como diría Ciro Alegría—, resulta menos confuso, menos ajeno, si lo contamos, si lo narramos, si lo hacemos comprensible a través de los mitos, de narraciones compartidas que traten de dotar de sentido a lo incognoscible. Posteriormente, los discursos que conocemos como ciencias abundaron en ese intento, en la necesidad de reducir la incertidumbre mediante explicaciones, experimentos, mediante, en fin, la búsqueda del conocimiento o, al menos, de la reducción de la ignorancia.

En el campo de la sociología —que es, creo yo, el que mejor puede explicar lo que llamamos educación, o sistema educativo—, Niklas Luhmann parte de la idea de que esa complejidad del mundo es inabarcable, de que no se puede ordenar ni reducir a ciertas reglas o relaciones. Por eso, cualquier sistema —sea biológico o social— solo puede existir si reduce esa complejidad, es decir, si selecciona lo que es relevante para sus propias operaciones. Esta reducción es una condición de posibilidad. Asume que la posibilidad de conocer es muy limitada.

Para tratar de explicar los sistemas sociales —esas limitaciones o reducciones necesarias para tratar de conocer algo— Luhmann adopta el concepto de autopoiesis del campo de la Biología. La idea fue desarrollada por los biólogos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela en los años setenta del siglo XX para tratar de describir lo que caracteriza a los seres vivos. La idea central es que un ser vivo es un sistema que se produce y se mantiene a sí mismoEn lugar de definir la vida por sus funciones (nutrición, reproducción, crecimiento), Maturana y Varela (1980) proponen un criterio estructural. Proponen que un organismo vivo es un sistema cerrado sobre sí mismo, que produce continuamente los componentes que lo hacen posible.

“La vida es una red de procesos que producen los componentes que forman la misma red” (Maturana y Varela, 1980).

Un sistema es autopoiético, pues, cuando produce y reproduce sus propios elementos. En el caso de los sistemas sociales, aplicando la definición de Maturana y Varela, Luhmann argumenta que los elementos que se autoproducen no son personas, sino comunicaciones.

“Los sistemas sociales existen porque la comunicación genera comunicación, esa es su autopoiesis” (Luhmann, 1998).

En la teoría de Luhmann, la sociedad moderna está diferenciada en sistemas funcionales —política, derecho, economía, ciencia, arte, educación— que operan con lógicas internas y códigos propios. Cada sistema cumple una función social irreemplazable, irreductible a la de otros sistemas, y se reproduce mediante comunicaciones específicas. El sistema educativo, en este marco, es el conjunto autopoiético de comunicaciones pedagógicas que la sociedad utiliza para gestionar el aprendizaje y la formación de expectativas sobre el aprendizaje (Baraldi y Corsi, 2016). No se trata del conjunto de escuelas, profesores o estudiantes. Esta definición desafía las concepciones tradicionales, que entienden la educación como suma de instituciones o como relación interpersonal. Para Luhmann, la educación es un proceso sistémico de producción de comunicación. La idea central es que el sistema educativo se mantiene y se transforma porque produce comunicaciones que generan nuevas comunicaciones (Baraldi y Corsi, 2016).

La educación no transmite verdades esenciales. En el proceso educativo se organiza, se estabiliza y se selecciona aquello que una sociedad decide considerar como aprendizaje. Para operar, este sistema utiliza un código binario que distingue lo educativo de lo que no lo es. Este código puede formularse de distintas maneras —aprender/no aprender, competente/incompetente, avanzar/estancarse—, pero en todos los casos cumple la misma función, la de reducir la complejidad hasta permitir que la comunicación pedagógica distinga si una operación pertenece o no al sistema.

La reproducción del sistema educativo se sostiene gracias a que cada comunicación genera otras comunicaciones. Una explicación suscita una tarea, la tarea conduce a una evaluación, la evaluación a un informe, el informe a una reunión, la reunión a nuevas decisiones didácticas. La educación es un entramado autopoiético, un bucle continuo que mantiene su forma mediante actos comunicativos que se refieren unos a otros. Este enfoque desplaza por completo la centralidad tradicional del sujeto. La escuela depende, pues, de la capacidad institucional de generar y sostener flujos de comunicación reconocidos como pedagógicos, no de la psicología de las personas.

Para Niklas Luhmann, el objetivo de la escuela no es enseñar en el sentido tradicional de transmitir conocimientos, porque el sistema educativo no opera sobre conciencias individuales ni sobre estados internos del aprendizaje. Opera exclusivamente sobre comunicaciones pedagógicas. La escuela no puede “hacer aprender” —pues el aprendizaje pertenece al sistema psíquico—, sino únicamente generar comunicaciones que evalúen y regulen expectativas sobre el aprendizaje. Enseñar, entendido como intención subjetiva del docente, es irrelevante para la autopoiesis del sistema. Lo que importa es la producción de diferencias comunicativas que permitan al sistema seguir operando, clasificando. Así, desde la perspectiva luhmanniana, la escuela sirve para reproducir la estructura social de expectativas sobre lo que significa aprender, manteniendo así su propia continuidad como sistema funcional.

Sin embargo, seguimos bajo el hechizo de aquella imagen que, como escribe Wittgenstein en la cita que encabeza este post, nos mantiene cautivos. Esa imagen muestra la escena del maestro que transmite el conocimiento al estudiante que lo recibe, como si la enseñanza perteneciera al ámbito íntimo de las conciencias. Cuando abandonamos esa imagen, la institución aparece como un espacio en el que se elaboran descripciones, se fijan trayectorias, se establecen posiciones simbólicas que acaban convirtiéndose en parte de nuestras biografías. Al disiparse la vieja ilusión, la escuela muestra su verdadero rostro. La escuela no enseña, aunque lo pretenda.

Referencias

  • Baraldi, C. y Corsi, G. (2016). Niklas Luhmann. Education as a Social System. Springer.
  • Luhmann, N. (1998). Sistemas sociales. Lineamientos para una teoría general. Anthropos.

  • Wittgenstein, L. (2021). Investigaciones filosóficas. Trotta.

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