Ir al contenido principal

El futuro pasa de largo. Lenguaje, computación, realidad y prohibiciones

El mito, la creencia, sobre el poder que posee el lenguaje para alterar la realidad tiene una antigüedad equiparable a la de la propia capacidad de lenguaje. Siempre han existido sortilegios, oraciones, expresiones que han pretendido transformar los hechos mediante su simple enunciación. Ya sean los votos matrimoniales, una sentencia judicial o la maldición de un chamán, esas combinaciones de palabras funcionan como códigos capaces ―al menos en la mente de quienes así lo desean― de alterar la realidad. Desde los relatos del Génesis hasta las tradiciones religiosas que buscan los "nombres verdaderos" de Dios, se ha mantenido la creencia de que ciertas invocaciones no solo describen el mundo, sino que también lo crean. Esta idea se apoya en el hecho de que el lenguaje siempre ha operado en la frontera entre la realidad y su descripción.

La capacidad de lenguaje ―en cada uno de los registros en los que se manifiesta, desde el código de programación a los emojis― supone otorgar ciertos poderes a símbolos y significados, generando así una sensación de control sobre los hechos que se enuncian que disuelve la tensión entre la realidad y su representación. La conexión entre el lenguaje natural y los sistemas simbólicos abstractos, especialmente las matemáticas, ha reforzado la idea de que un orden lógico ―y un vocabulario simbólico para expresarlo― subyace en el universo.

Desde los principios de la teoría de conjuntos y la lógica simbólica hasta las últimas expresiones del aprendizaje automático basado en datos, la computación proyecta una sombra cultural ―influida por esa larga tradición de idealismo― de la que no somos conscientes: el lenguaje tiene un poder real en el mundo y puede definirlo de alguna manera. A medida que la computación transforma casi todos los aspectos de la vida cultural, las narrativas que construimos sobre ella y el equilibrio entre mito y razón desempeñarán un papel crucial a la hora de determinar nuestro conocimiento y pensamiento.

La reciente polémica sobre los efectos negativos de las tecnologías digitales en el desempeño de los estudiantes (“las pantallas”, en la jerga periodística) esconde una cuestión de fondo que apenas se menciona: nadie habitará nunca más en un mundo predigital. Más allá de los dispositivos que se utilicen, es nuestra relación con el “mundo” (la interpretación cultural de los hechos) la que ha cambiado. La computación ha transformado todos los aspectos de nuestras vidas. Saber reconocer qué parte de mito, de pensamiento mágico, hay en el uso de algoritmos, en el lenguaje computacional que tanto influye en nuestro comportamiento, es un aprendizaje imprescindible. Esa es la cuestión que subyace a la necesidad de incluir la alfabetización digital en las escuelas. Permitir o prohibir dispositivos en las aulas es lo de menos, lo que nos jugamos es que el futuro pase de largo una vez más.



Comentarios

Entradas populares de este blog

La Escuela no enseña

  “Una imagen nos tuvo cautivos” Investigaciones filosóficas.  Ludwig Wittgenstein Con esta frase ( Ein Bild hielt uns gefangen )  Ludwig Wittgenstein  se refiere, en sus   Investigaciones filosóficas , a una poderosa imagen, no advertida ni consciente, que ha determinado la forma de concebir el conocimiento en la cultura occidental durante siglos. Esa imagen, o forma ( Bild  se puede traducir de ambas maneras), es la de “una mente en el mundo”. Con este término ( Bild ), Wittgenstein se refiere a algo más profundo que una idea o una teoría. Se trata más bien de un trasfondo irreflexivo que determina nuestra forma de ver el mundo, nuestra forma de pensar sobre la realidad. Una imagen. En el campo educativo, la “imagen” que nos ha tenido cautivos es la de la escuela como lugar en el que se enseña, en el que los docentes transmiten conocimientos y el alumnado los aprende. Esa “imagen” determina nuestra forma de ver el sistema educativo, de darle sentido. Al m...